Chistes de «Le Pêle – Mêle»

Le Pêle – Mêle es la edición en lengua española de la revista humorística que, desde 1895, venía publicándose en la capital francesa, y que comienza a hacerlo en Barcelona a partir del 28 de junio de 1903, impresa por Henrich y Cª, y con numeración propia.

Enlace a la publicación en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.


Una mujer se lamentaba ante el juez, de que su marido la tenía sumida en el mayor abandono y de que pasaba todo el día en la taberna .
– ¡Y si al menos me llevara!, añadía sollozando.


¿Es verdad que entras en un negocio con el marqués?
– Sí; él pone el capital y yo la experiencia.
La sociedad durará tres años, al cabo de los cuales él tendrá mi experiencia y yo su capital.


Discuten dos amigos acerca del verdadero significado de las palabras desgracia y accidente. Interviene un tercero y les dice:
– Suponed que vais á bordo de un buque y que vuestra suegra cae al mar; será un accidente. Suponed luego que un marinero se arroja al agua y salva a la víctima; será una desgracia.


Negaba un ladrón ante el tribunal un robo, y le dijo el juez:
– Es inútil temeridad negar, podemos presentaros seis testigos que dirán que presenciaron el delito.
¿Y qué?, replicó el ladrón. Yo puedo presentar seis mil que dirán que no lo presenciaron .


Entre amigas:
– Tu hijo es muy hermoso, pero no me gusta verle siempre tan triste .
– ¿Qué quieres?, por más azotes que le doy, no puedo corregirle ese defecto.


En un picadero se presenta un joven pidiendo un caballo para dar un paseo. El encargado del establecimiento exige el pago adelantado:
– ¿Cómo se entiende?, exclama el joven. ¿Teme usted que vuelva sin el caballo?
– No; lo que temo es que el caballo vuelva sin usted.


Un marido que ha pasado toda su vida cediendo a los menores caprichos de su mujer, se decide a hacer testamento . Coge un pliego de papel y con aire melancólico empieza a escribir:
– Esta es mi primera voluntad…


– ¿En qué se ocupa su amigo Luis?
– Vive de sus rentas.
– ¿ Y usted?
– Yo también .
– ¿Usted, que nada posee , ni trabaja?
– Pues por eso digo que vivo de sus rentas.


Embarcose un sabio en una lancha para atravesar el cauce d e un río muy caudaloso, y díjole al barquero;
– ¿Sabes historia?
– No, señor.
– Pues, hijo; has perdido la mitad de tu vida. Y dime, ¿sabes matemáticas?
– Tampoco.
– Pues has perdido las tres cuartas partes de tu vida.
En esto, vino un fuerte golpe de viento, y al ver el vertiginoso balanceo de la lancha, fue el barquero quien preguntó:
– ¿Sabe usted nadar?
– No, respondió el sabio.
– Pues ha perdido usted la vida entera.


Entrando en una tertulia cierto fatuo, alguien dijo al dueño de la casa:
– Ese que ha entrado, a juzgar por su cara, parece algo bestia.
– Su cara engaña, porque es más bestia de lo que parece .


Decía un casado:
– Mando yo más en mi casa, que el rey en la suya .
– ¿Cómo es ello?
– Pues muy sencillo: el rey manda una vez las cosas, y le obedecen; yo en mi casa las suelo mandar veinte veces, y no me obedece nadie.


– ¡Qué bestias somos!
– ¡Hombre! ¡bien pudieras hablar en singular!
– Tienes razón, ¡qué bestia eres!


Unos pescadores que tiraban la red desde la playa, sintieron un gran peso, y creyendo que sin duda iban a sacar el cadáver de algún hombre ahogado, mandaron llamar al juez para que estuviera presente al sacar la redada.
Sale la red, y se encuentran con la calavera de un burro;
– Para que el juez no se moleste en venir, dice entonces un pescador, que vaya uno a verle y le diga que es un asno.


Un joven había asesinado a su padre y a su madre, con la mayor ferocidad y las más agravantes circunstancias. Irremisiblemente iba a ser condenado (y en efecto lo fué) a la pena de muerte, cuando el presidente del tribunal siguiendo la costumbre establecida le preguntó si tenía algo que alegar en su defensa.
– No, señor presidente, contestó el reo;
– ¡sino que abrigo la esperanza de que el tribunal tendrá compasión de este pobre huérfano!


En un restaurante :
– Camarero, no puedo comer esta sopa.
El camarero se la lleva a la cocina y sirve otra al parroquiano.
– Camarero (repite el cliente), no puedo comer esta sopa.
El camarero, que empieza a impacientarle trae otra.
– Camarero, no puedo comer esta sopa.
– Pero, señor, si se la he cambiad o a usted dos veces.
– Aunque me la cambiara usted dos mil. No la puedo comer, porque no tengo cuchara .


– Portera , si viene don Sebastián a preguntar por mí, dígale usted que he salido.
– Está bien señorito; y si no viene, ¿qué le digo?


En un restaurante :
– ¡Mozo! ¿Cuánto cuesta una ración de Solomillo con patatas ?
– Cinco reales.
– ¿Y sin ellas?
—Lo mismo.
—Entonces las patatas son gratis.
—Sí señor.
—Pues tráeme un plato de patatas.


– Mamá, ¿cómo se llaman las madres de los borricos?
– Burras.
– Entonces, ¿por qué me has dicho que soy un borrico?


A los postres:
– ¿Qué le parece a usted el vinillo de mi cosecha ?
– Lo conozco.
– ¿Lo había probado usted ya?
– S í
– ¿Dónde?
– Hace un instante; en la ensalada .


—Pruebe usted este vino, que es de mi cosecha .
El invitado lo prueba , y hace un gesto de disgusto harto expresivo .
Y dice el cosechero :
—¿No le gusta?… Pues para comer, no hay otro igual.
— Para comer, es posible; pero para beber…


Hablándose en un corro acerca de una señorita muy linda y muy parlanchina, preguntáronle a uno qué cosa admiraba más en ella:
—Lo que más me admira, —dijo, —es que tanta lengua quepa en tan poquita boca.


Unos recién casados viajan, en compañía de sus padres.
—Señora —pregunta el yerno a su suegra.
—¿Le molesta a usted que yo fume?
—De ningún modo, hijo mío.
—Pues entonces, no fumo.


En un restaurante:
—¡Mozo!
—¡Señorito!
—Esta merluza está mala .
— Pues mire usted, no se ha quejado en todo el día.


Examen de historia:
—¿Cuántas guerras sostuvo España en el siglo XV?
— Seis.
—¿Quiere usted enumerarlas ?
— Una, dos, tres, cuatro, cinco y seis.


Entre criados:
—Si el señorito no retira las palabras que me ha dicho esta mañana , me marcho .
—¿Pues qué te ha dicho?
—Me ha dicho que busque colocación en otra parte .


Disputaban varios en un pueblo, sin conseguir ponerse de acuerdo. Uno de ellos, deseando saber la opinión del cura del lugar, que estaba presente, le preguntó :
—¿Y usted que dice, padre ?
—¿Yo? digo misa.


En un tribunal:
El Juez. — Señora, ¿conoce usted al demandante?
— No, señor.
— ¿Pues no es usted su mujer?
— Sí, señor; pero si le conociera, no me hubiera casado con él.


Un maestro pasea por el campo con uno de sus alumnos.
Al pasar por delante de un a casa de labranza ven un pájaro enjaulado, junto a la pared , y el pedagogo pregunta al discípulo:
— ¿A qué familia pertenece ese animal?
— Probablemente a la familia del labrador.


A uno que se iba a casar, le dijo su mejor amigo:
—Debería daros la enhorabuena a los dos; pero, como no conozco a la novia, no te puedo felicitar a ti; y como a ti te conozco demasiado, no puedo felicitar a la novia.


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