Miguel Agustín Príncipe

El hombre y el burro.

Aunque parezca broma,
Conviniéronse un Hombre y un Borrico
En enseñarse el respectivo idioma;
Y el Burro… ¡suerte impía!
No aprendió ni un vocablo solamente
En dos años de estudio y de porfía,
Entretanto que el Hombre, en solo un día,
Aprendió a rebuznar perfectamente.

No trates con el bruto ni un minuto,
Pues no conseguirás la alta corona
De hacerle tú persona,
Y puede suceder que él te haga bruto.


El lavatorio del cerdo.

En agua de Colonia
Bañaba a su Marrano Doña Antonia
Con empeño ya tal, que daba en terco;
Pero a pesar de afán tan obstinado,
No consiguió jamás verle aseado,
Y el Marrano en cuestión fue siempre Puerco.

Es luchar contra el sino
Con que vienen al mundo ciertas gentes,
Querer hacerlas pulcras y decentes:
El que nace Lechón, muere Cochino.


El Pelotazo

A un Chiquillo un Chicazo
Le encajó tan tremendo pelotazo,
Que le hizo un gran chichón en el cogote
Mas la pelota, al bote
Volviendo atrás con ímpetu no flojo,
Tornó por donde vino;
Y encontrándose un ojo en el camino,
Al autor del chichón dejó sin ojo.

No haga al prójimo mal quien esto note,
Porque el mal es pelota
Que vuelve contra el mismo que la bota,
O miente el pelotazo en el cogote.